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Fabian Mendoza Alzate
Author: Fabian Mendoza AlzateWebsite: https://emarketingrules.com
Sobre el autor
Máster en Marketing Digital y comercio Electrónico Universitat de Barcelona / EAE Business School, Certificado Google en ventas digitales, Analytics y Adwords enfocado a Shopping. Certificado Hubspot en Content Marketing e Inbound Marketing. Apasionado por las redes sociales, las películas, la buena música, los viajes y el cine, como cualquier habitante de la tierra.
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El Debate en Barranquilla fue el punto de quiebre que despejó las dudas. Duque demostró ese día de que estaba hecho y empezó una línea ascendente de apoyo y confianza que no ha mermado.

 

Al común de la gente no les dice nada el nombre de Luis Alberto Moreno. Pero las personas con un poco de interés en temas de nación, economía, política o un cierto nivel de cultura general, saben que Moreno es un colombiano, presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Una de las más importantes organizaciones financieras de desarrollo regional en Latinoamérica, del nivel, pero no vinculada, a importantes entidades como el FMI o el Banco Mundial.

Por muchos años Moreno siempre ha sonado como uno de los “presidenciables” del país. Sus conexiones internacionales no solo a la cabeza del BID por más de 13 años, sino antes, como Embajador de Colombia en Washington por 4 años, serían la garantía de una Colombia relacionada al más alto nivel posible en las altas esferas del poder económico y político mundial, trayendo de seguro grandes beneficios para el país.

Pero Moreno (de sobrada y demostrada preparación, inteligencia e incluso carisma) tiene un problema para los entendidos: llevar más de 20 años fuera del país. Lo que por supuesto hace que no se vea como una figura atractiva para el mencionado común de la gente. Moreno inicio desde muy joven una brillante carrera diplomática, y la ha consolidado, alejado del foco de la opinión pública nacional. A Moreno también se le veían las posibilidades de ser presidente desde muy joven, pero la historia de Moreno en la Casa de Nariño se ha quedado hasta el momento en solo una posibilidad remota.

Iván Duque estaba destinado a seguir esa senda. Desde muy temprano en su carrera, empezó a ocupar cargos de asesoría económica en organismos multilaterales como la CAF Banco de Desarrollo de América Latina y precisamente trabajó más de 10 años en el mismo BID, como consejero principal para Colombia, Perú y Ecuador en los directorios del Banco Interamericano de Desarrollo, el Fondo Multilateral de Inversiones del grupo BID y la Corporación Financiera de Inversiones IIC.

En esas estaba Duque, con un camino potencial de éxito diplomático ya marcado, hasta que Álvaro Uribe, con quien de hecho había trabajado como Asesor Internacional, decidió invitarlo a formar parte de la lista al Senado en las elecciones de legislativas de 2014.

Duque no defraudó en su paso por el Senado, logrando sacar adelante como autor, 4 Leyes de la República, además de apoyar otras tantas más de compañeros de partido y de congresistas de otras colectividades, incluso pertenecientes a la coalición o denominada “Unidad Nacional”, por la sencilla razón de encontrarlas benéficas para el país.

Duque logró un trabajo sobresaliente en su paso por el Senado, pero continuaba siendo un desconocido para el común de la gente, al igual que Moreno; y como Moreno, esa parecía una extraña condición coyuntural que tristemente era vista como un defecto, claramente ajena a su talento y capacidades, las cuales, en el caso de Duque, eran reconocidas incluso por colegas opositores en el Senado y miembros del Gobierno, que hoy, en medio de la guerra de injurias y estigmatización, no se pueden dar el lapo de volver a reconocer.

Luego, Duque hizo la tarea en su postulación como candidato a la presidencia del Centro Democrático. Se sometió a todos los procesos de selección que se le pusieron al frente. Vimos como afrontaba con gran coherencia los debates iniciales en donde era uno más de los candidatos planteados por su partido, para disputar la candidatura oficial. Se midió con compañeros de amplia experiencia y solvencia en todos los temas, de quienes no vale la pena mencionar o entrar en detalle de alguno de ellos, ya que todos tenían grandes condiciones, sin embargo, en ese momento todavía había dudas y la opinión se inclinaba en ocasiones por otros candidatos. Uribe a pesar de lo que siempre se rumora, guardó prudencial distancia y respeto por el proceso que finalmente terminó por escoger a Duque como su candidato a disputar la candidatura oficial de la Gran Consulta Por Colombia, el pasado 11 de marzo. Más de 4 millones de votos le dieron la victoria, que, sin contar los votos de Marta Lucía y Ordóñez, le sacaron una ventaja de más de 1 millón de votos a la opción ganadora de la otra consulta, el popular y curtido candidato de izquierda, Gustavo Petro.

Es posible que la masiva votación del 11 de marzo le haya dado brío al espíritu de Duque, viendo el respaldo del pueblo, que aún no lo había visto medirse en otros escenarios más adversos.

El pasado 5 de abril, sin embargo, se dio a mi parecer el punto de quiebre en el que Duque mostró su talante.

El debate de Barranquilla paradójicamente fue el primer “Gran Debate” que se hizo y hasta la fecha para muchos, el mejor de todos en estas elecciones, luego de decenas de ellos en televisión nacional y otros tantos en transmisiones de Facebook Live o en auditorios, ante diferentes gremios.

Ese debate, perfectamente conducido por Marco Schwartz, director de El Heraldo y Silvia Gloria, Decana de Ciencias Políticas de la Universidad del Norte, enfrentó a Duque, un joven político en auge, con 4 de los más avezados y tradicionales (no importa como se quieran promocionar) políticos del país. Cada uno con un cuero grueso, endurecido por más de 30 años, de vida pública y exposición mediática. Todos con amplia experiencia lidiando con este tipo de pruebas, en donde la presión, los titubeos y los nervios pueden enterrar una candidatura.

Ya le habíamos visto como senador, sus intervenciones en el Congreso y otros debates previos, pero el nivel de confrontación y de “pullas” que se vio en ese debate en Barranquilla dejó ver un Duque, en absoluto control de la situación, con respuestas perfectas a preguntas claves sobre temas de interés nacional y con réplicas de fino sarcasmo, ante los fallidos intentos de burla de sus antagonistas en el escenario.

En días previos a dicho evento, Germán Vargas Lleras había dicho refiriéndose a Iván Duque, cuando le preguntaron sobre sus capacidades, que era “muy pollo” para conducir el país. Pero en ese debate, Duque demostró su carácter de líder y su conocimiento técnico en diversos asuntos necesarios para llevar las riendas de un país con las complejidades de Colombia, sin dejarse amilanar de los “gallos” con los que se enfrentaba.

Esa ha sido la constante de Duque, debate tras debate y entrevista tras entrevista, manejando escenarios y periodistas hostiles con total control, solvencia y conocimiento de los temas. Duque no echa carreta, no habla con demagogia, pero si con tranquilidad. Esa actitud contundente, mirando de frente y a los ojos a quienes le indagan de todos los modos posibles sus posiciones y convicciones, superó hace rato la ridícula acusación de estar “libreteado”. Esa claridad da la confianza de tener lo que se requiere para afrontar decisiones del más alto nivel, con capacidad técnica, confianza y certeza.

Adicional a eso, Duque casi a diario nos da una sorpresa. Empezó con una entrevista a un medio estadounidense hablando perfecto inglés nativo y técnico. Luego, un día hace un truco de magia, otro día toca las congas, otros días hace equilibrios con un balón de fútbol, otro día recita de memoria la plantilla del equipo de fútbol del que es hincha, el América de Cali, pero no la actual; la de los 80’s. Luego toca la guitarra, canta y baila con pasos solo vistos en un campeonato mundial de salsa.

Por supuesto que nada de eso le va a servir en lo absoluto a la hora de gobernar, en lo absoluto.

Pero todas esas destrezas, aptitudes y actitudes no dejan más que ver a un Iván Duque con pasión por la vida. Alguien que no hace nada a medias, que se emplea a fondo en las cosas que le interesan, que parece no desperdiciar un instante de su vida y esas características de su personalidad, sumadas a su preparación, claridad, carisma y lucidez es lo que hacen que hoy este “pollo”, con un poco más de 40 años, esté a contados días de ganar la presidencia de Colombia.

Fabian Mendoza A.

@fabianmendoza

Artículo originalmente publicado como columnista de El Parche del Capuchino

 

 

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